Emile Durkheim, El suicidio, 1897. Libro II
Emile Durkheim, El suicidio. Buenos Aires,
Libertador, 2004
Libro Segundo. Los factores Extra sociales
Capítulo primero. El suicidio y los estados
psicopáticos
Hay
dos clases de causas Extra sociales a las que se puede atribuir, a priori, una influencia sobre la
cifra de los suicidios: son las disposiciones orgánico-psicológicas y la
naturaleza del medio físico. Pudiera ocurrir que en la constitución individual
o, por lo menos, en la constitución de una clase importante de individuos
existiera una tendencia de intensidad variable según las razas, que arrastrase
directamente al hombre al suicidio; por otra parte, el clima, la temperatura,
etc., pueden, por la manera con que obran sobre el organismo, tener los mismos
efectos. La hipótesis, en todo caso, no debe ser rechazada sin discutirla;
vamos, pues, a examinar sucesivamente estos dos órdenes de factores y a
investigar si tienen, en efecto, una parte en el fenómeno que estudiamos y cuál
es esa parte.
Hay enfermedades cuya cifra anual resulta
relativamente constante en una sociedad determinada, a la vez que varía
sensiblemente según los pueblos. Tal ocurre con la locura.
Si se tuviera alguna razón para ver en toda muerte
voluntaria una manifestación vesánica, el problema que nos hemos planteado
estada resuelto: el suicidio no sería más que una afección individual. Esta es
la tesis sostenida por numerosos alienistas.
El único medio de proceder metódicamente consiste
en clasificar, según sus propiedades esenciales, los suicidios cometidos por
los locos, constituyendo así el tipo principal de los suicidios vesánicos e
investigar después si todos los casos de muerte voluntaria caben en cuadros
nosológicos. En otros términos, para saber si el suicidio es un acto especial
de los alienados, es preciso determinar las formas que afecta en la enajenación
mental y ver a continuación si estas son las únicas que toma.
Los alienistas se han preocupado poco de clasificar
los suicidios de alienados; se puede, sin embargo, considerar que los cuatro
tipos siguientes encierran las especies más importantes.
Las reglas esenciales de esta clasificación están
tomadas de Jousset y Moreau de Tours.
I.
Suicidio maniático. Se produce como consecuencia de alucinaciones o de
concepciones delirantes. El enfermo se mata para escapar a un peligro o a una
vergüenza imaginarios o para obedecer a una orden misteriosa que ha recibido de
lo alto, etc.
II. Suicidio
melancólico. Se relaciona con un estado general de extrema depresión, de
exagerada tristeza, que hace que el enfermo no aprecie seriamente los vínculos
que tiene con las personas y cosas que le rodean; los. Placeres carecen para él
de atractivo, lo ve todo negro; la vida le parece fastidiosa y dolorida.
III. Suicidio
obsesivo. En este caso el suicidio no se causa por motivo alguno real ni
imaginario, sino sólo por la idea fija de la muerte que, sin razón sólida
alguna, se ha apoderado subversivamente del espíritu del enfermo Este está
obsesionado por el deseo de matarse, aunque sepa perfectamente que no tiene
ningún motivo racional para hacerlo.
IV. Suicidio
impulsivo o automático. No es más motivado que el precedente; carece de
razón de ser en la realidad y en la imaginación del enfermo. Sólo que en lugar
de producirse por una idea fija, que atormenta el espíritu durante un tiempo
más o menos largo y que domina progresivamente a la voluntad, resulta de una
impulsión brusca e inmediatamente irresistible.
Puesto que los suicidios de los alienados no son
todo el suicidio, sino representan una variedad de él, los estados
psicopáticos, que constituyen la alienación mental, no pueden dar idea de la
inclinación colectiva al suicidio en su generalidad. Pero entre la alienación
mental propiamente dicha y el perfecto equilibrio de la inteligencia existe
toda una serie de estados intermedios: son las diversas anomalías que se reúnen
de ordinario bajo el nombre común de neurastenia. Es preciso investigar si, en
lugar de la locura, representan un papel importante en la génesis del fenómeno
que nos ocupa.
Existe un estado psicopático particular, al cual se
tiende a imputar desde hace algún tiempo casi todos los males de nuestra
civilización: es el alcoholismo. Se le atribuye, con razón o, sin ella, el
progreso de la locura, del pauperismo de la criminalidad. ¿Tiene alguna
influencia sobre la marcha del suicidio? A priori, la hipótesis parece poco verosímil,
porque en las clases más cultivadas y más ricas es donde el suicidio hace más
víctimas, y no es, precisamente, en estos medios donde el alcoholismo tiene sus
clientes más numerosos.
En efecto, si se sale de Francia, elevándose
siempre hacia el Norte, la consumación de alcohol va creciendo regularmente,
sin que el suicidio se desarrolle. Mientras que en Francia en 1873 la cifra
media del consumo alcohólico era de 2,84 litros por habitante; en Bélgica se
elevaba a 8,56 litros en 1870; en Inglaterra, a 9,07 litros (1870-71); en
Rusia, a 10,69 litros (1866), llegando en San Petersburgo hasta 20 litros
(1855).
Y, sin embargo, mientras que en las épocas
correspondientes, en Francia había 150 suicidios por cada millón de habitantes,
en Bélgica no había más que 68, en la Gran Bretaña 70, en Suecia 85, en Rusia
muy pocos. En San Petersburgo, desde 1874 a 1868, la cifra media anual ha sido
de 68,8. Dinamarca es el único país del Norte en que hay a la vez muchos
suicidios y un gran consumo de alcohol (16,51 litros en 1845).
No existe ningún estado psicopático que sostenga
con el suicidio una relación regular e incontestable. Porque una sociedad
contenga más o menos neurópatas o alcohólicos no se darán en ella más o menos
suicidios. Aunque la degeneración, bajo sus diferentes formas, constituya un
terreno psicológico, fácil a la acción de las causas que pueden determinar al
hombre a matarse, no es por sí misma una de estas causas. Se puede admitir que,
en circunstancias idénticas, el degenerado se mate más fácilmente que el sujeto
sano, pero no se mata necesariamente en virtud de su estado. La potencialidad
que existe en él no puede traducirse en actos más que bajo la acción de otros
factores, que es preciso investigar.
Roberto Bergonzi, 2do.año del Profesorado en
Historia
Luciano Golino, 2do.año del Profesorado en
Geografía.
Capitulo segundo
EL SUICIDIO EGOISTA
Si se estudian los suicidios europeos, vemos que en
países católicos son menos numerosos que en los países protestantes. Aunque hay
que tener en cuenta que no en todos los países sus habitantes están al mismo
nivel social y moral, pero las semejanzas son lo suficientemente importantes
para que tenga algún fundamento el atribuir la diferencia de cultos el contraste
tan marcado que presentan desde el punto de vista del suicidio. En lo que
respecta a los judíos, su actitud al suicidio es también inferior a la de los
protestantes, y también inferior a la los católicos. Los judíos viven en las
ciudades y se dedican a profesiones intelectuales de un modo más extenso que
los otros grupos confesionales. Por esta razón tienen una inclinación al
suicidio mayor que los miembros de otros cultos.
El suicidio es objeto de una excesiva indulgencia
para que el temor al vituperio con que se le recibe pueda obrar con tal
potencia aun sobre la minoría, a las que su situación obliga a preocuparse
particularmente de los sentimientos públicos. Tanto en el catolicismo como en
el protestantismo, prohíben el suicidio con la misma precisión; no solamente lo
castigan con penas morales, sino que el los dos enseñan igualmente que mas allá
de la tumba comienza una vida nueva, en la que de castigara a los hombres por
sus malas acciones. Estas dos prohibiciones tienen un carácter divino; no se
presentan como la conclusión lógica de un razonamiento bien hecho; sus
autoridades es la de Dios mismo; si el protestantismo favorece el
desenvolvimiento del suicidio no es por su diferencia de tratamiento con el
catolicismo.
La única diferencia esencial que hay entre estos
dos sistemas religiosos consiste en que el protestantismo admite el libre
examen con mayor extensión que el catolicismo.
El protestante es más autor de su creencia. La
Biblia se deja en sus manos y ninguna interpretación sobre ella se le impone. La
estructura misma del culto reformado hace más sensible este estado de
individualismo religioso. El libre examen no es en si mas que el efecto de otra
causa. Cuando hace su aparición, cuando los hombres, después de haber recibido
su fe de la tradición durante largo tiempo, reclaman el derecho de formársela a
si mismos, no es como consecuencias de los atractivos intrínsecos de la libre
interpretación, ya que ésta conlleva tantas tristezas como alegrías.
En lo que se refiere a los judíos, debido a su
historia de numerosas persecuciones, han creado en sus comunidades una sociedad
compacta con un alto sentido de la unidad y de la solidaridad, todo el mundo
vive y piensa en ella de la misma manera, por eso la iglesia judía resulta ser
mas fuertemente concentrada que ninguna otra, en consecuencia y como analogía
del protestantismo es a esta misma causa a la que debe atribuirse la débil
inclinación de los judíos por el suicidio.
El judaísmo, como todas las religiones inferiores, consiste,
en un cuerpo de doctrinas que reglamenta de un modo minucioso todos los
detalles de la existencia y deja poco lugar al juicio del individuo. En
Inglaterra sabemos por otra parte cuán general y fuerte es el respeto por las
tradiciones, y parece imposible que no se extienda, como a las demás cosas a la
religión. El tradicionalismo muy desenvuelto, excluye siempre, los movimientos
propios del individuo. Por otra parte, Inglaterra es también el país
protestante en la que las cifras de creyentes, por cada representante del
clero, son menos crecidas. El gusto por el libre examen no puede despertarse
sin ir acompañado del gusto por la instrucción. La ciencia, es el único medio
de que la libre reflexión dispone para realizar sus fines. Los hombres solo
aspiran a instruirse en la medida en que están libres del yugo de la tradición,
pues mientras que ésta subyugue a la mente, se basta a si misma y no tolera
rivales.
En Francia, por otra parte, en los departamentos en
que hay mas esposos analfabetos, son más propensos a suicidarse éste país, las
profesiones liberales ocupan el primer lugar y dan 550 suicidios por millón de
habitantes del mismo grupo profesional, mientras que los servicios ocupan el
lugar inmediato posterior, no dan más que 290.Cabe mencionar también que en
todos los países del mundo la mujer se suicida menos que el hombre. Es verdad
también que es mucho menos instruida que él. En lo que se refiere a las mujeres
negras, tienen una instrucción igual y aun superior que a la de sus maridos;
pero aun así tienen también una gran predisposición a suicidarse.
Por último, el hombre trata de instruirse, y se
mata porque la sociedad religiosa de la que forma parte ha perdido su cohesión,
pero no se mata porque sea instruido. Esta instrucción no la busca como un
medio para destruir las opiniones recibidas, sino porque la destrucción ha
comenzado ya.
Capítulo tercero. El suicidio egoísta
(continuación)
En este punto y una vez visto que la religión no
preserva del suicidio vamos a observarlo desde el punto de vista de la familia
y la sociedad política.
En principio si se miran las cifras a priori se ve
que las personas casadas se suicidaban mas que las solteras, pero esta
información es falsa ya que Bertillón padre tras un detenido estudio concluyó
que no es causa del matrimonio, sino causa de la edad. En efecto, para apreciar
bien las cifras citadas, es preciso tener en cuenta que un gran número de
solteros tienen menos de 16 años, mientras que todos los casados son de más
edad. Hasta los 16 años, la tendencia al suicidio es muy débil, por el solo
hecho de la edad. En Francia solo se producen, en este periodo de la vida, uno
o dos suicidios por millón de habitantes. Por otra parte, se ve como el
suicidio progresa siguiendo la edad para los dos sexos: de 16 a 21
años(45,9),de 21 a 30(97,9),de 31 a 40(114,5)y, de 41 a 50(164,4).Si solo la
edad es la que la produce, la aptitud de los solteros para el suicidio no puede
ser superior a 97,7,y la de los casados estará comprendida entre 114,5 y
164,4.Los suicidios de los casados estarán con los de los célibes en razón de
100 a 69.
Por otra parte, la vida en familia también tiende a
alterar esta relación. Si la asociación familiar no hiciese sentir su
influencia, los casados deberían en virtud de su edad, matarse una mitad mas
que los solteros y se matan menos; se puede decir que el estado del matrimonio
disminuye en una mitad el peligro del suicidio. En lo que se refiere a la
viudez y su influencia sobre el suicidio, se puede decir que los viudos de la
misma edad se matan más que cualquiera otra clase de la población.
Otra parte del método de Bertillón se refiere a
realizar una comparación entre la mortalidad y la nupcialidad; y éstas dos nos
dan conocer, en efecto, la edad de los suicidas con independencia de su estado
civil.
De todos estos estudios se desprenden una serie de
leyes:
1) Los matrimonios muy precoces ejercen una
influencia agravante en el suicidio, sobre todo en lo que se refiere a los
hombres.
2) A partir de los 20 años, los casados de ambos
sexos se benefician con un coeficiente de preservación con relación a los
solteros.
3) El coeficiente de preservación de los casados en
relación a los solteros, varía según los hechos.
4) La viudez disminuye el coeficiente de los
esposos de ambos sexos, pero frecuentemente no lo suprime por completo.
El matrimonio, en efecto, opera mecánicamente en el
conjunto de la población una especie de selección. No se casa el que quiere;
hay pocas probabilidades de lograr fundar una familia cuando no se reúnen
determinadas cualidades de salud, de fortuna y de moralidad. Lo que no las
tienen resulta incluido en la clase de los solterones que por este medio
comprende todo el desecho humano del país. Entre ellos se encuentran los
enfermos, los incurables, la gente pobre o con taras notorias. Desde luego, que
si esta parte de la población es inferior a la otra, resulta natural, una mayor
aptitud para el suicidio.
Por otra parte, cabe mencionar que, la miseria no
es uno de los factores que depende el suicidio. El temperamento orgánico
psíquico que más predispone al hombre a matarse es la neurastenia bajo todas
sus formas.
Se puede decir entonces, que es en la constitución
del grupo familiar, en donde debe encontrarse la causa principal del fenómeno
que estudiamos (suicidio).La familia se compone de dos asociaciones diferentes:
el grupo conyugal por una parte, que deriva de un contrato y de la afinidad
electiva; y por otra, el grupo familiar propiamente dicho, que deriva de un
fenómeno natural, la consanguinidad. Tenemos un medio mucho mas decisivo de
medir exactamente la influencia de la asociación conyugal sobre el suicidio y
es el de observarla allí donde esta reducida a sus solas fuerzas, es decir, a los
hogares sin hijos. Los casados sin hijos tienen la misma media de edad que los
casados en general, cuando son más jóvenes. Entre su categoría se encuentran
todos los esposos que no tienen hijos, no porque sean estériles, sino porque
casados no han tenido tiempo aun de tenerlos.
Por otra parte, lo prueba bien la influencia
restringida del matrimonio, es que los viudos con hijos están en mejor
situación que los casados sin ellos. En un sentido, los hijos sujetan el viudo
a la vida, pero al mismo tiempo hacen mas aguda la crisis que atraviesa.
En Francia las mujeres casadas sin hijos se matan
una mitad más que las solteras del mismo sexo y de la misma edad.
El hecho de que en la falta de hijos se maten más
que las solteras de la misma edad, es muy poco conciliable con la hipótesis que
las supone dotadas, desde su nacimiento, de un coeficiente personal de
preservación. Sin embargo pudiera admitirse que este coeficiente existe, tanto
para la mujer, como para el hombre, pero se anula por completo por la acción
funesta que el matrimonio ejerce sobre la constitución moral de la esposa
mientras dure éste.
La hipótesis de la selección matrimonial no se
aplica íntegramente al sexo femenino. Nada autoriza a pensar que la mujer
llamada a matrimonio posea una constitución privilegiada que la inmunice en
cierta medida contra el suicidio. Es preciso admitir que la sociedad conyugal,
tan perniciosa para la mujer, es, por el contrario, beneficiosa para el hombre
aun en el caso de ausencia de hijos. No llevan al matrimonio un temperamento
que los aparte del suicidio; adquieren este temperamento viviendo la vida
conyugal. El suicidio depende de cualidades congénitas de los individuos, de
causas exteriores a ellos y que los dominan. Así, en las sociedades en que el
hombre se beneficia con la familia más que la mujer, sufre más ésta cuando se
queda solo, pero, al mismo tiempo, se halla en mejor estado para soportar este
sufrimiento, porque las saludables influencias que ha recibido le hacen más
refractario a las resoluciones desesperadas.
Por otro lado, la sociedad doméstica, igual que la
sociedad religiosa, es un poderoso medio de preservación contra el suicidio.
Esta preservación es mucho mas completa cuando mas densa es la familia, o sea
cuando comprende un mayor numero de elementos.
Para finalizar, el suicidio varia en razón inversa
del grado de desintegración de los grupos sociales de que forma parte el
individuo. Pero la sociedad no puede desintegrarse sin que, en la misma medida,
no se desprenda el individuo de la idea social, sin que los fines propios no
lleguen a preponderar sobre los fines comunes, sin que la personalidad
particular no tienda a ponerse por encima de la personalidad colectiva. Cuanto
mas debilitados son los grupos a que pertenece, menos depende de ellos, más se
exalta así mismo para no reconocer otras reglas de conducta que las fundadas en
sus intereses privados. Así, pues, si se conviene en llamar egoísmo a ese
estado en que el yo individual se afirma con exceso frente al yo social y a
expensas de éste último, podremos dar el nombre de egoísta al tipo particular
de suicidio que resulta de una individualización desintegrada.
Alba Cruceño, 2do año del Profesorado en
Geografía
Cintia Lezcano, 2do año del Profesorado en
Geografía
Capítulo cuarto. El Suicidio Altruista
Si un individualismo excesivo conduce al
suicidio de una persona, un individualismo insuficiente produce los
mismos efectos. Así cuando el hombre esta desligado de la sociedad se mata más
fácilmente y esto también ocurre cuando el individuo se encuentra con demasiada
fuerza en ella.
En las sociedades inferiores el suicidio egoísta es
desconocido, pero este se encuentra en otras formas y presenta caracteres muy
particulares que entran en alguna de las siguientes categorías:
- Suicidios de hombres llegados al dintel de la vejez o atacados de enfermedad
- Suicidios de mujeres a la muerte de su marido
- Suicidio de clientes o servidores a la muerte de sus jefes
Cuando el hombre se mata por alguna de estas
razones, lo hace pensando que es su obligación ya que es la sociedad la que
hace presión sobre el para destruirlo por que si falta a esta obligación se le
castiga con el deshonor y con penas religiosas. Es así que:
- En el caso de los viejos que se dan al suicidio, estos están condicionados a no esperar la muerte por cuestiones religiosas.
- En el de los clientes o servidores es por que la constitución de la sociedad implica entre los clientes y el jefe y entre los servidores y su rey una dependencia tan estrecha que se le excluye toda idea de separación y así los súbditos deben seguir a su dueño a todas partes que vaya, aún mas allá de la tumba.
- Lo mismo que con los clientes y súbditos ocurre con la mujer y su marido.
Para que la sociedad pueda obligar a ciertos
miembros suyos a matarse, es preciso que la personalidad individual se cuente
por poca cosa y que a su vez el individuo se encuentre totalmente absorbido por
el grupo y muy fuertemente integrado. Es necesario también que la sociedad
forme una masa compacta y continua donde todo el mundo viva la misma vida,
donde todo es común a todos: las ideas, los sentimientos, las ocupaciones, y
como el grupo es pequeño nadie pierde de vista a nadie produciéndose una
vigilancia colectiva, faltando al individuo los medios para crearse una
ambiente especial.
Estamos ante un tipo de suicidio que es producto de
la sociedad y se denomina altruista por que es el estado es el estado donde el
yo no se pertenece, confundiéndose con otra a que no es él, donde el polo de su
conducta esta situado fuera de él, en uno de los grupos del polo del que forma
parte. Este tipo de suicidio se denomina: ALTRUISTA OBLIGATORIO.
Ejemplos de estos casos son:
En el caso de suicidios de hombres llegados al dintel de la vejez o atacados por una enfermedad:
- En Ceos, los hombres que llegaban a cierta edad se reunían en un festín, donde con la cabeza coronada de flores bebían alegremente cicuta.
- Los guerreros Daneses, consideraban vergüenza que el hombre muera en su cama de vejez o enfermedad, así el suicidio era considerado un escape a esta agonía.
En los casos de mujeres a la muerte de su marido:
- En las sociedades de los Trogloditas, los Lares, Los Ceos, etc. las mujeres están obligadas a matarse tras el fallecimiento de sus maridos.
- En 1821 se contaron 2.366 casos de suicidios de viudas en toda la India.
En
los casos de los clientes y servidores tras la muerte de sus jefes:
- Cuando muere un jefe en la Galia, sus servidores están obligados a no sobrevivir. Aquí se quemaban sus trajes, sus armas, sus caballos y sus esclavos favoritos.
No todos los suicidios Altruistas son
necesariamente obligatorios, ya que existen otros tipos de este.
Cuando el hombre se mata sin estar obligado a ello,
ya que no existe el apego a la vida y se elogia a quien renuncia a ella por la
menor invitación de las circunstancias para así conquistar la mayor estima,
Durkheim los denomina: SUICIDIOS
ALTRUITAS FACULTATIVOS; y por esta palabra se entiende que son menos
exigidos por la sociedad que cuando son estrictamente obligatorios.
Cuando se está, desde la infancia habituado a
no hacer caso a la vida y a despreciar a los que tienen mayor apego a ella, es
inevitable deshacerse de ella con el más ligero pretexto.
Ejemplos de estos casos son:
- En Polinesia basta con una ligera ofensa para que un hombre se suicide.
- En los indios de América del Norte basta un impulso de celos para que un hombre o una mujer se suicide.
Existen otros casos de Altruismo donde el individuo
se arrastra con más violencia y directamente al suicidio.
El individuo se sacrifica solo por el placer del
sacrificio, por que el renunciamiento en si y sin razón es considerado digno de
alabanzas. Aquí la impersonalidad es llevada a su estado máximo. El suicidio
Altruista se encuentra en estado agudo.
Estos suicidios son producto de las
religiones; donde el sujeto se despoja de su ser personal para abismarse a esa
otra cosa que el considera su verdadera ciencia. Esto sucede cuando el sujeto
es tomado como falto de su propia existencia.
En el Altruista, se tiene un fin pero situado fuera
de esta vida que aparece siempre como un obstáculo y se ven bellas perspectivas
más allá de la vida.
La sociedad cristiana concede al sujeto un lugar
más destacado que las sociedades anteriores, ya que le asignan deberes
personales que cumplir, le prohíben eludirlos y según el modo en que ha llevado
a cabo su función es admitido o no a los goces del más allá. Este
individualismo moderado del cristianismo le ha impedido favorecer el suicidio.
Así, los pueblos monoteístas, como los judíos, los
cristianos, los mahometanos, o politeístas como los griegos y los latinos, esta
forma de suicidio nunca se encuentra en estado de práctica ritual. En el
Panteísmo se presenta, ya que el individuo no cuenta para nada por que está
perdido en el grupo.
Las concepciones religiosas son producto del medio
social. El panteísmo religioso es una consecuencia de la organización panteísta
de la sociedad y aquí es donde encontramos este tipo de suicidio particular: EL SUICIDIO ALTRUISTA AGUDO; cuyo
perfecto modelo es el SUICIDIO
MISTICO.
Ejemplos del suicidio altruista agudo (místico):
- En las condiciones de las leyes de Manu (India) para suicidarse el hombre debe haber llegado a cierta edad y dejado por lo menos un hijo. Logrado esto ya nada tenia que hacer en la vida.
- Los sectarios de Amidas se hacen encerrar en las cavernas donde solo caben sentados; y respiran por un orificio dejándose morir de hambre.
Queda así constituido el segundo tipo de suicidio
que comprende tres variedades:
- SUICIDIO ALTRUISTA OBLIGATORIO
- SUICIDIO ALTRUISTA FACULTATIVO
- SUICIDIO ALTRUISTA AGUDO (suicidios místicos)
Existe entre el suicidio egoísta y el altruista una
distancia que separa a los pueblos primitivos de las naciones más cultas. Sin
embargo si las sociedades inferiores son por excelencia el terreno del suicidio
altruista, lo son también en nuestras sociedades, cuando se presenta en estado
crónico en el ejército.
Las causas que ha invocado frecuentemente a los
suicidios en el ejército es el disgusto en el servicio, ya que los rigores de
la disciplina, la ausencia de la libertad, la privación de la comodidad
hacen que el sujeto se incline a ver la vida del cuartel como
intolerable. Los miembros del ejército a los que ataca más el suicidio son los
que tienen mayor vocación.
La disciplina exige que se obedezca sin discutir y
muchas veces sin comprender. Así el soldado tiene los principios de su
conducta fuera de sí mismo que caracteriza el estado de altruismo.
Consiste en un grupo macizo y compacto que enmarca fuertemente al sujeto y le
impide moverse con movimiento propio.
Juliana Tilla- Luciana Cattaneo, 2do.
año del Profesorado en Historia.
Capítulo Quinto. El Suicidio anómico
La sociedad no es solamente un dimensión que
atraiga de manera desigual los sentimientos y actividades de los individuos. Es
además un poder que, mediante la limitación, regula a los sujetos. El
porcentaje de suicidios es alterado por la manera de ejercer esa regulación. A
estos tipos de suicidios, Durkheim los llama ANOMICOS.
Comienza planteando la siguiente situación: las
crisis económicas incrementa la tasa de suicidios. Esto es demostrado a través
de datos estadísticos. Generalmente se cree que el motivo es el aumento de la
pobreza, la miseria, falta de oportunidades, desdicha, en definitiva, una mala
condición de vida, lo cual haría que una persona prefiera renunciar a esta.
Pero si fuera realmente cierto, podría deducirse que cuando el bienestar y la
riqueza material aumentan, el número de muertes voluntarias debería disminuir.
Sin embargo, también a través de datos estadísticos, se encarga de demostrar
que eso no ocurre. Bajo estas condiciones aumenta notoriamente la cantidad de
suicidios, incluso más que en muchas crisis económicas. Por lo tanto el
empobrecimiento de los habitantes durante un periodo de crisis económica, no es
lo que genera el aumento de muertes voluntarias, ya que sucede lo mismo en
épocas de prosperidad y bienestar. ¿Cómo explica Durkheim esto? Lo que genera
el aumento de muertes voluntarias es la perturbación del orden colectivo,
movimientos abruptos que alteran la estabilidad social, logrando que la
sociedad deje de regular temporalmente, sin importar si dicha perturbación es
resultado de un crecimiento o disminución de las riquezas.
Para entender como se produce la acción reguladora
de la sociedad, primero deben considerarse ciertas características propias del
hombre. Cualquier ser vivo no puede ser feliz si sus necesidades no están
satisfechas en relación con las posibilidades que le otorga su medio. Si estas
necesidades requieren más de lo disponible en el medio para satisfacerlas,
estarán impedidas y funcionaran con dolor. “Todo movimiento que no puede
producirse sin dolor tiende a no reproducirse. Las tendencias que están
insatisfechas se atrofian, y como la tendencia a vivir no es mas que el
resultado de todas las otras tendencias, tiene que debilitarse si las primeras
lo hacen”, en definitiva, la vida resultaría acabada. En el animal, el
equilibrio necesario para que esto no ocurra, se produce de manera natural y
espontánea, por que depende de condiciones puramente físicas reguladas por su
organismo. Todo lo que necesita, es que la energía perdida sea recuperada, con
esto estará satisfecho. Es mas, el desgaste generado se regulará según las
posibilidades de recuperarlo.
Pero en el hombre no sucede lo mismo, ya que la
mayor parte de sus necesidades no están en dependencia del cuerpo. Su reflexión
está “más despierta” que en los animales, dice Durkheim, por ello puede
entrever condiciones mejores, las cuales se convierten en fines deseables
y ameritan una actividad para su realización. El problema se basa en que los
deseos del hombre son ilimitados. “Ni en la constitución orgánica, ni en la
constitución psicológica se encuentra algo que marque un límite a estas
inclinaciones”, por lo tanto, estos deseos sin límites son insaciables. Si no
existe una poder exterior que los regule y les imponga límites, las necesidades
del hombre nunca serán satisfechas, y por ende, según lo dicho anteriormente,
la vida se tornaría un “perpetuo estado de descontento” e inclinaría al
individuo a darse la muerte. Por si esto fuera poco, las satisfacciones
recibidas no hacen más que estimular las necesidades, en lugar de calmarlas.
Aquí es donde se hace necesario ese poder exterior antes mencionado, reconocido por los individuos como superior, al cual respeten y consideren justo. Durkheim atribuye este poder a la sociedad. Es ella y sólo ella, en su conjunto o a través de sus órganos, la que desempeñara este papel moderador.
Históricamente, en las sociedades se conforma en la conciencia colectiva, una jerarquía con respecto a las funciones que realizan las personas y, a su vez, un cierto margen de bienestar, según el lugar que ocupen. Esto configurará un margen de riqueza al que puedan aspirar y por lo tanto regulará sus deseos y necesidades.
Existe entonces, una verdadera reglamentación, señala Durkheim, y aunque no se encuentre jurídicamente fijado, la sociedad precisa el mínimo y el máximo de bienestar que cada jerarquía puede buscar legítimamente. Claro que, según se modifiquen las ideas morales de las sociedades, también lo hará el bienestar designado a cada clase. Este variará según los tiempos y los lugares.
Cada persona si es respetuosa de las reglas y dócil a la autoridad, se dará cuenta relativamente del margen de posibilidad de sus ambiciones y no aspirará a nada más allá.
Aquí es donde se hace necesario ese poder exterior antes mencionado, reconocido por los individuos como superior, al cual respeten y consideren justo. Durkheim atribuye este poder a la sociedad. Es ella y sólo ella, en su conjunto o a través de sus órganos, la que desempeñara este papel moderador.
Históricamente, en las sociedades se conforma en la conciencia colectiva, una jerarquía con respecto a las funciones que realizan las personas y, a su vez, un cierto margen de bienestar, según el lugar que ocupen. Esto configurará un margen de riqueza al que puedan aspirar y por lo tanto regulará sus deseos y necesidades.
Existe entonces, una verdadera reglamentación, señala Durkheim, y aunque no se encuentre jurídicamente fijado, la sociedad precisa el mínimo y el máximo de bienestar que cada jerarquía puede buscar legítimamente. Claro que, según se modifiquen las ideas morales de las sociedades, también lo hará el bienestar designado a cada clase. Este variará según los tiempos y los lugares.
Cada persona si es respetuosa de las reglas y dócil a la autoridad, se dará cuenta relativamente del margen de posibilidad de sus ambiciones y no aspirará a nada más allá.
Solamente cuando la sociedad esté perturbada, ya
sea por crisis dolorosas o felices, por transformaciones demasiado bruscas, es
temporalmente incapaz de ejercer la regulación, por ello se producen lo
notorios incrementos en el número de suicidios. En las crisis económicas, los
individuos se ven en una situación inferior a la que se encontraban antes, por
lo tanto deben reducir sus exigencias. En los incrementos repentinos de la
fortuna, el límite de bienestar no se observa, generando la búsqueda
interminable de la satisfacción de los deseos. En ambos casos la conciencia
pública estará desorientada y necesitara tiempo para que los hombres y las
cosas sean de nuevo clasificados. Mientras tanto se presenta el incremento de
los suicidios demostrados por el autor.
Esta explicación se confirma con el caso peculiar
de los países pobres. Éstos son relativamente más inmunes a los suicidios, ya
que la propia pobreza constituye un freno, debido a que cuanto menos posee una
persona, menos intenta extender el círculo de sus necesidades, resignándose a
su condición. La riqueza por el contrario, confiere un poder que crea la ilusión
de que los límites se los pone uno, lo cual lleva a que la insatisfacción, que
inevitablemente aparecerá sin importar la riqueza que se tenga, se haga
insoportable. No es casualidad que muchas religiones celebren el valor moral de
la pobreza. Durkheim se encarga de analizar el estado de anomia en la sociedad
industrial, es decir, en la sociedad en la que él vivió, la cual había
comenzado a configurarse aproximadamente un siglo atrás. Hace hincapié en la
esfera social del comercio y la industria. Pero aclara que sus características
se expanden al resto de los sectores.
La religión ha perdido influencia sobre los
individuos. Ésta les enseñaba a contentarse con lo que tenían, aludiendo
que el orden social es providencial y les hace esperar un mundo futuro
donde se compensarán las desigualdades de éste.
En el mundo de los negocios, las corporaciones de oficios, reglamentando los salarios, fijando el precio de los productos y la producción, establecían indirectamente el nivel de las rentas, por lo cual se regulaban las necesidades. En fin, ese modelo de organización producía efectos útiles. Nada de eso, apunta Durkheim, tiene lugar en la sociedad en que él vive. El poder gubernamental en vez de regular la vida económica, se convirtió en su servidor. Las escuelas económicas proclamaban que las naciones deben tener como único y principal objetivo prosperar industrialmente. Este es el dogma del materialismo económico que sirve de base para esas teorías, las cuales no hacen más que expresar la opinión colectiva, esa opinión que determina los límites necesarios ya mencionados. Entonces, los deseos puestos en juego, se han encontrado sin la autoridad que los limite.
En el mundo de los negocios, las corporaciones de oficios, reglamentando los salarios, fijando el precio de los productos y la producción, establecían indirectamente el nivel de las rentas, por lo cual se regulaban las necesidades. En fin, ese modelo de organización producía efectos útiles. Nada de eso, apunta Durkheim, tiene lugar en la sociedad en que él vive. El poder gubernamental en vez de regular la vida económica, se convirtió en su servidor. Las escuelas económicas proclamaban que las naciones deben tener como único y principal objetivo prosperar industrialmente. Este es el dogma del materialismo económico que sirve de base para esas teorías, las cuales no hacen más que expresar la opinión colectiva, esa opinión que determina los límites necesarios ya mencionados. Entonces, los deseos puestos en juego, se han encontrado sin la autoridad que los limite.
El desarrollo de la industria y la extensión del
comercio abrieron puertas indefinidas y han influido sobre el resto de la
sociedad, generando que el estado de anomalía se vuelva normal. Es precisamente
en el ámbito comercial e industrial donde se producen más suicidios
Sólo los prudentes, que saben gozar de los
resultados adquiridos sin necesitar constantemente remplazarlos por otros,
encuentran en ello la tranquilidad. Pero aquellos que no lo hacen, encuentran,
tarde o temprano, el agotamiento que implica la persecución sin fin de la
satisfacción de los deseos, o simplemente el descontento y malestar generado
por la insatisfacción de los mismos.
Generalmente son las personas de mayor fortuna, las que más sufren esta situación, ya que no hay nada ni nadie por encima de ellos que los impulse hacia atrás o los frene. Los de clases inferiores, en cambio, al menos tienen su horizonte relativamente limitado por las clases superiores, haciendo que sus deseos estén un poco más definidos.
Generalmente son las personas de mayor fortuna, las que más sufren esta situación, ya que no hay nada ni nadie por encima de ellos que los impulse hacia atrás o los frene. Los de clases inferiores, en cambio, al menos tienen su horizonte relativamente limitado por las clases superiores, haciendo que sus deseos estén un poco más definidos.
Pero la anomia económica no es la única que puede
engendrar el suicidio. Durkheim establece la relación entre el número de suicidios
y el de los divorcios. Los datos muestran, salvo en raras excepciones, que a
mayor cantidad de divorcios en una región, mayor es la cantidad de muertes
voluntarias. El autor descarta el hecho de que este fenómeno se explique por
las características puramente individuales. Los motivos hay que buscarlos en la
naturaleza misma del matrimonio.
Esta institución, es una reglamentación de las relaciones conyugales. Las relaciones no solo responden a instintos físicos, sino también a sentimientos, que según Durkheim, la civilización se ha encargado de insertar. Como estos sentimientos son independientes de las necesidades orgánicas, les es indispensable una reglamentación social, es decir, deben ser contenidos por la sociedad. En otras palabras, el matrimonio regula la vida pasional y es el monogámico en particular, el que lo hace de manera más estrecha, por que al obligar al hombre a no ligarse sino a una sola mujer, asigna la necesidad de amar a algo definido y “cierra el horizonte”, limita sus deseos. Por otra parte, si sus goces están definidos, también se encuentran asegurados, lo que garantiza su equilibrio mental Completamente distinta es la situación del soltero. Como puede ligarse legítimamente a lo que le plazca, aspira a todo y nada le satisface. Al no estar contenido (por el matrimonio), no sabe dónde detenerse. Más allá de los placeres que ha experimentado, se imagina y quiere otros. Además, al no poseer nada con “título definitivo”, no puede asegurarse lo que tiene, por esto, dice Durkheim, la anomia es doble. De todo esto resulta un estado de perturbación, agitación y descontento que aumenta las posibilidades del suicidio. Este tipo de anomia es llamada Conyugal. Tal es el estado en el que ingresa el divorciado.
En aquellos lugares donde el divorcio es frecuente y aceptado, el matrimonio no producirá sus efectos con la misma intensidad, ya que el lazo que une a la pareja estará más proclive a romperse y se encontrará mas amenazado, es decir, el porvenir de la unión matrimonial, estará menos garantizado.
Esta institución, es una reglamentación de las relaciones conyugales. Las relaciones no solo responden a instintos físicos, sino también a sentimientos, que según Durkheim, la civilización se ha encargado de insertar. Como estos sentimientos son independientes de las necesidades orgánicas, les es indispensable una reglamentación social, es decir, deben ser contenidos por la sociedad. En otras palabras, el matrimonio regula la vida pasional y es el monogámico en particular, el que lo hace de manera más estrecha, por que al obligar al hombre a no ligarse sino a una sola mujer, asigna la necesidad de amar a algo definido y “cierra el horizonte”, limita sus deseos. Por otra parte, si sus goces están definidos, también se encuentran asegurados, lo que garantiza su equilibrio mental Completamente distinta es la situación del soltero. Como puede ligarse legítimamente a lo que le plazca, aspira a todo y nada le satisface. Al no estar contenido (por el matrimonio), no sabe dónde detenerse. Más allá de los placeres que ha experimentado, se imagina y quiere otros. Además, al no poseer nada con “título definitivo”, no puede asegurarse lo que tiene, por esto, dice Durkheim, la anomia es doble. De todo esto resulta un estado de perturbación, agitación y descontento que aumenta las posibilidades del suicidio. Este tipo de anomia es llamada Conyugal. Tal es el estado en el que ingresa el divorciado.
En aquellos lugares donde el divorcio es frecuente y aceptado, el matrimonio no producirá sus efectos con la misma intensidad, ya que el lazo que une a la pareja estará más proclive a romperse y se encontrará mas amenazado, es decir, el porvenir de la unión matrimonial, estará menos garantizado.
Pero los efectos generados por el matrimonio y el
divorcio, no son iguales en el hombre y en la mujer, de hecho son a menudos
antagónicos. Para Durkheim, las necesidades de la mujer tienen un carácter
menos intelectual, por que en general su vida psíquica esta menos desarrollada.
Están más inmediatamente relacionadas a la exigencia del organismo y procede de
manera más instintiva que el hombre, por lo tanto, la reglamentación social del
matrimonio, no le es necesaria. Es más, las costumbres no le conceden algunos
“privilegios” para atenuar en cierta medida el rigor del régimen, que si le son
dados al hombre. Por esto, el matrimonio no sólo no le es útil, sino además le
presenta ciertas molestias. Por consiguiente, todo lo que flexibilice la reglamentación
del matrimonio (por ejemplo que el divorcio sea aceptado y frecuentemente
practicado), aumentará la inmunidad de la mujer a los suicidios y disminuirá la
del hombre.
Descripción y concepción del suicidio en Argentina
a partir de 1900
En la Argentina de fines de siglo XIX y principios de siglo XX, por un lado se observa que los autores interesados en la problemática del suicidio basaban sus observaciones no en estadísticas (tasas) propiamente dichas, sino en datos en bruto, es decir, trabajaban con cifras indicadoras de los suicidios (y tentativas de suicidio) registrados en aquel entonces. Este es el caso de Juan Vucetich, que en 1903 publica una serie de tablas en las que plasma la cantidad de actos y tentativas suicidas registradas oficialmente en un período de 10 años. En ellas, Vucetich clasifica a su objeto de estudio según diversos factores que hacen a la individualidad de cada sujeto como: nacionalidad, estado civil, profesión, instrucción, condición social, religión, causas determinantes, parajes, medios empleados, momento del día y de la semana, etc.
En la Argentina de fines de siglo XIX y principios de siglo XX, por un lado se observa que los autores interesados en la problemática del suicidio basaban sus observaciones no en estadísticas (tasas) propiamente dichas, sino en datos en bruto, es decir, trabajaban con cifras indicadoras de los suicidios (y tentativas de suicidio) registrados en aquel entonces. Este es el caso de Juan Vucetich, que en 1903 publica una serie de tablas en las que plasma la cantidad de actos y tentativas suicidas registradas oficialmente en un período de 10 años. En ellas, Vucetich clasifica a su objeto de estudio según diversos factores que hacen a la individualidad de cada sujeto como: nacionalidad, estado civil, profesión, instrucción, condición social, religión, causas determinantes, parajes, medios empleados, momento del día y de la semana, etc.
Por otro lado, debe localizarse que la concepción
imperante en Argentina era sostenida por médicos y psiquiatras. Estos
profesionales concebían al suicidio desde una perspectiva de la patología.
Así, el Dr. Héctor Rieti resume su postura: “El
suicidio es siempre indicio de un estado de alteración psíquica; sus causas son
siempre patológicas; y cuando existen móviles psicológicos, éstos tienen valor
solamente de causas ocasionales
En cambio, el Dr. Fermín Rodríguez, Director del Sanatorio Santa María, sostenía que, aunque en algunos casos era acertado y necesario, no deberían generalizarse todos los fenómenos como muchos de sus colegas pretendían hacer.
En conclusión, más allá de las diferencias específicas que puedan observarse entre los teorizadores citados de nuestro país, el estudio de los factores influyentes del suicidio tenía un enfoque predominantemente individualista (el cual se diferencia del enfoque socialista sostenido por Durkheim), debido a que se inclinan a pensar los causantes del suicidio no como referidos a un conflicto en las relaciones del individuo con las condiciones sociales, sino a conflictos presentes en la víctima misma. Las condiciones del suicidio estaban íntimamente referidas a características del sujeto particular (en tanto patología, o variables como edad, sexo, alcoholismo, etc.)
En cambio, el Dr. Fermín Rodríguez, Director del Sanatorio Santa María, sostenía que, aunque en algunos casos era acertado y necesario, no deberían generalizarse todos los fenómenos como muchos de sus colegas pretendían hacer.
En conclusión, más allá de las diferencias específicas que puedan observarse entre los teorizadores citados de nuestro país, el estudio de los factores influyentes del suicidio tenía un enfoque predominantemente individualista (el cual se diferencia del enfoque socialista sostenido por Durkheim), debido a que se inclinan a pensar los causantes del suicidio no como referidos a un conflicto en las relaciones del individuo con las condiciones sociales, sino a conflictos presentes en la víctima misma. Las condiciones del suicidio estaban íntimamente referidas a características del sujeto particular (en tanto patología, o variables como edad, sexo, alcoholismo, etc.)
Yaser Ale, 2do. Año del Profesorado en Historia
Lucas Pettinaroli, 2do. Año del Profesorado en
Geografía.
Me gusta tu blog papá =)
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